Cruzando the bigger charco, encontramos que Sudáfrica también se ha plantado ante el mundo con lo suyo: la Pinotage, una cepa creada a partir de cruzas de Pinot Noir y Heritage (Pinot-tage!). Y lo dicen nomás: "La Pinotage es nuestra, sólo nuestra!" Saltando el Océano Índico, llegamos a Australia: isla de grandes desiertos, grandes ciudades y grandes producciones de Shiraz, su carta de presentación ante los wine-drinkers globales.
En realidad, no es otra que Syrah, a la que a ellos han rebautizado Shiraz para... bueno, para reinventar lo que ya estaba inventado desde la Última Cena.
Sus Shiraz rebosan de modernidad: vinos muy maderizados, oscuros y concentradísimos, con etiquetas creativosas y tapas a rosca.
En cuanto a los europeos, yo creo que tienen cepas típicas, pero no insignia: España & Tempranillo, Portugal & Verdelho, Italia & Sangiovese, Alemania & Gewürtztraminer, Francia & Todas.
En parte porque eso de la "cepa de bandera" es un recurso de posicionamiento del MKT moderno, de los vinos del Nuevo Mundo.

Y, también, porque en el Viejo Mundo hace mil
años que se dedican silenciosamente a crear blends irrepetibles, y no necesitan -ni quieren- andar etiquetando porque sea la moda de este joven siglo.
Bueno amiguitos, los dejo.
Y no olviden que, en cualquier lugar, una copa diaria de noble vino hace bien al corazón. No dejen de cuidarse!


Me acuerdo de uno que era de una bodega de Francis Ford Coppola, que tenía una etiqueta hermosa: dos columnas doradas y un telón bordó entreabierto que dejaba ver una pintura de los viñedos.
Tengo uno. Un decanter que me regaló mi amigo FJD. Y lo uso. No siempre, pero lo uso. 




Miguel Brascó –seguro que, al menos, les suena- es el referente número 1 del periodismo de vinos en la Argentina.

